CERÁMICA NEGRA
Asturias además de la madera también ha sabido utilizar la arcilla como un valioso alidado a la hora de fabricar útiles necesarios en la vida cotidiana. Podemos distinguir cuatro rasgos que hacen peculiar y diferenciada a la cerámica asturiana: las superficies negras de sus vasijas, la utilización de la rueda de mano, la dualidad hombre- mujer alfareros, y la realización de una cerámica esmaltada con solución de continuidad desde finales del siglo XII hasta nuestros días.
Solo dos centros alfareros han mantenido con sus hornos gran parte de la producción alfarera de Asturias hasta nuestros días: El Faro en Oviedo, y Llamas del Mouro en Cangas del Narcea.
La cerámica negra tiene un área restringida de presentación dentro de la Península Ibérica. Actualmente se concentra en Cataluña, Asturias y el norte de Portugal. Los datos apuntan a que entra en la Península de la mano de las invasiones centroeuropeas. Sus mayores defensores las encontraban más parecidas a las piezas de hierro, con lo cual esta mercancía se revalorizó. Otra ventaja es que servían para que se conservasen mejor los alimentos y el agua debido al carbono depositado durante la cocción de la cerámica en las paredes de las vasijas, sumado a una mayor resitencia a los golpes.
En realidad el ennegrimiento de las piezas comienza su historia de manera fortuita, aunque se desconocen cuáles son los primeros métodos, se supone una primera desecación de las vasijas en piras abiertas, con lo que no se conseguría alcanzar una temperatura adecuada, para una eliminación total del agua de las arcillas, dando lugar a diversas tonalidades,( por aparecer zonas más quemadas que otras). Con el tiempo se empezaráin a cubrir estas piras con tierra, ceniza y chamota (piedras machacadas ya cocidas), para así proporcionar mayor calor a las vasijas.
Con la aparición de los hornos cerámicos cerrados se descubre la posiblilidad de regular el carácter oxidante de la atmósfera de la caldera, pero no siempre las vasijas son negras debido al proceso reductor, sino también a los elementos de composición de las pastas, influyendo la cal y los óxidos de hierro que contengan.
El proceso de preparación del barro es el mismo para todo tipo de piezas. Antiguamente los trozos de barro se "frayaben" con una hoz pequeña y se machacaban con un martillo de madera. Se pasaba después por la criba, y se volvía a un duerno para dejalo a remojo, hasta que se consigue el punto justo de plasticidad, para poder trabajarlo. Se hacen entonces las bolas de barro con una cantidad necesaria para cada pieza. Hoy día el proceso se realiza con una máquina denominada "galletera" que tiene dos rodillos de fuerte presión que eliminan las impurezas del barro con mayor facilidad.
Para moldear la arcilla una vez que está preparada se utilizan dos técnicas: la técnica más primitiva o modelado estático, en el que no se utiliza instrumento alguno para moldear, y la segunda técnica, la incorporación de instrumentos que permiten mover la pieza, mientras el alfarero esta inmovil, uno de estos instrumentos sería la rueda. Al lado de la rueda el alfarero tiene todo el instrumental necesario para la elaboración de las vasijas: un recipiente de agua donde el alfarero moja las manos, una lezna o pincho para la formación de cantos y moduras, una cuchela para distribuir el barro, una cuerda fina y un palo para hacer agujeros a aquellas piezas que lo necesiten.
Una vez fabricada la pieza se pone al sol para que eliminen parte de la humedad, después se meten al horno, la coción solía oscilar antiguamente de doce a quince horas, teniendo en cuenta que después hay que esperarse otras tantas para poder abrir el horno.
Llamas del Mouro es hoy día un pintoresco lugar de la parroquía de San Martín de Sierra, situado a 22 Km de la capital del concejo de Cangas del Narcea. Hasta 1930 Llamas fue un importante centro alfarero formado por alrededor de 20 artesanos repartidos por diversos barrios del lugar, pero a partir de entonces, solo una familia, la de Jesús Menéndez Garrido, continuó en el mundo de la alfarería.